Algo que el presidente Rodríguez no debería olvidar
– ¡¡Sí, juramos!! –


27 febrero 2010

ZP y el antiamericanismo


Bush nunca lo recibió. Su mayor acercamiento fue en
los pasillos de la ONU donde Bush le dijo cortésmente
¿Como está? y eso lo exhibió ZP como una “reunión en la cumbre”.


De acuerdo con las encuestas, España es el país más antiamericano de Europa. En consecuencia, la estrategia electoral de los socialistas españoles durante los últimos comicios al Parlamento Europeo se basó en tratar de demostrar que sus adversarios conservadores eran pro-norteamericanos. Ellos, en cambio, se presentaban como los campeones de un europeísmo hostil a Washington.

El anti-americanismo no es otra cosa que un proceso de demonización alimentado por la desinformación y el resentimiento, de forma que los pueblos oprimidos por sus corruptos gobernantes, donde la distribución igualitaria de la riqueza es una bonita teoría que nunca se lleva a la práctica por sus lucrados mandatarios, creen que la culpa de su miseria radica en la explotación y especulación norteamericana, además de otras razones que son específicas del comunismo.

Para los latinoamericanos debería resultar insoportable que un puñado de extranjeros llegados al hemisferio mucho después que los españoles, hayan llegado a ser la primera potencia del mundo y ellos no hayan sido capaces de salir de la miseria aún disponiendo de mejor clima y recursos. Por eso, aun sabiendo que es falso, todos los dirigentes políticos, todos los intelectuales latinoamericanos, están obligados a decir que todos sus males encuentran explicación en el imperialismo norteamericano.

Estas ideas y otras también heredadas, repetidas y dogmatizadas, impiden al vulgo intelectualmente deformado en la universidad desarrollar una forma libre de pensar.

Cuando ZP se quedó sentado al paso de la bandera norteamericana actuó como un típico progre analfabeto y no como un político responsable. Creyendo despreciar al Gobierno norteamericano estaba despreciando a la nación, o sea al pueblo norteamericano representado por la bandera.

¿Por qué el antiamericanismo de tantos, de cualquier nacionalidad, que ni siquiera han tenido contacto con ellos, que no han sufrido ningún agravio por su parte y que lo único que saben de ellos es lo que han visto en la tele o en el cine?

Como en tantas otras cosas, hay que distinguir entre el antiamericanismo occidental y el antiamericanismo islámico.

El odio antiamericano de la izquierda mundial tiene su origen en el resentimiento. Los Estados Unidos han tenido mucho que ver con el fracaso comunista y el derrumbe del imperio soviético que dejó al descubierto su falsa prosperidad. El comunismo, que no ha hecho más que repartir miseria y coartar esas mismas libertades que dicen abanderar, no podía más que odiar a quienes desde la más antigua democracia avanzaban hacia el progreso que ellos también decían liderar mientras sus teorías progresistas, impuestas por la fuerza, se hundían en la ineficacia, la corrupción y el engaño.

En cuanto al odio islámico, el sentimiento antiamericano de muchos musulmanes no puede explicarse únicamente por el apoyo estadounidense a Israel o a regímenes árabes tiránicos y corruptos, o por el imperialismo o la explotación. Por encima de estas razones que según la progresía son únicas y suficientes, está la civilización y la cultura que representan. ¿Por qué razón, si no, la hostilidad hacia Occidente es mucho mayor que la dirigida hacia Rusia, que todavía gobierna, y no con mano blanda, sobre muchos millones de musulmanes indóciles?. También los grandes cambios sociales, intelectuales y económicos que han influido sobre el mundo islámico, y en particular el consumismo y el secularismo, llegaron de Occidente y no de la Unión Soviética.

Es el capitalismo occidental y la democracia la que provee una alternativa auténtica y atractiva a los modos tradicionales islámicos de pensar y vivir. Es significativo que la juventud iraquí, en una reciente encuesta, prefiera mayoritariamente el modo de vivir americano que el iraní, bajo una organización política, religiosa y social integristas.

Los líderes fundamentalistas ven en la civilización occidental el más grande desafío al modo de vida que ellos desean retener o restaurar para su pueblo. Y no se confunden. Esa es la principal razón de su odio contra los EE.UU. y no las otras. Si fueran otras, deberían odiar más a Rusia.

Que nadie olvide que el choque de culturas está en las raíces más profundas del terrorismo islámico. Recuerden que el Islam es una civilización diferente cuya gente está convencida de la superioridad de su cultura y está obsesionada con la inferioridad de su poder.

Su guerra es contra la cultura occidental, que pone en peligro la suya. Por eso la “Alianza de Civilizaciones” plagiada por ZP no será posible mientras la civilización musulmana siga pautas medievales y se mantengan en ello.

Mientras tanto, nuestro líder, próximo a terminar su legislatura, sigue gimiendo por que el presidente norteamericano le cite a una entrevista y le reciba en la Casa Blanca como ha hecho con los demás gobernantes del mundo civilizado.

Como “progresista” sigue siendo anti-americano pero necesita la foto para convencernos de su importancia y de que no sólo se codea con la escoria internacional sino con la máxima autoridad mundial, mal que le pese.

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Nota:

REANUDADA LA PUBLICACIÓN EN FEBRERO 2010.

Los anteriores capítulos quedaron completos y cerrados.